miércoles, 24 de noviembre de 2021

¿LUCHA OBRERA O SINDICALISMO?

 



El diccionario de la RAE define ‘sindicato’ como una ‘asociación de trabajadores para la defensa y promoción de sus intereses’, sin especificar qué intereses defiende, si los intereses de los trabajadores o los que tienen los miembros del sindicato. La experiencia sociológica e histórica se ajusta fundamentalmente a la segunda interpretación.  

¿Son los sindicatos una herramienta útil para los trabajadores en la actualidad? Rotundamente, no. ¿Alguna vez lo han sido?

Las justas reivindicaciones del proletariado industrial del siglo XIX que realizaban, no los sindicatos, sino los propios obreros de cada una de las fábricas, tierras de labor, talleres, almacenes y minas fueron instrumentalizadas por las oportunamente creadas organizaciones sindicales centralizadas, casi siempre dependientes de algún partido político, es decir, de las cloacas del Estado. Los sindicatos nacieron con una cosmovisión materialista, ajena a los valores espirituales del amor al prójimo, la dignidad, la convivencia y el sentido de la vida, preocupados solamente por elementos tan fungibles como los salarios y la cantidad de horas que trabajamos, aspectos igualmente esenciales. 

Los sindicatos se adscriben a ideologías y a los intereses que éstas generan, al tiempo que se olvidan del trabajador. Algunos líderes sindicales llegaron a animar a los trabajadores a alistarse en el ejército estatal durante la Primera Guerra Mundial para morir en una guerra ajena a sus intereses o para matar a otros trabajadores[1]. La UGT se inscribió en el sindicato vertical protofascista de Miguel Primo de Rivera[2]. Sindicalistas “anarquistas” de la CNT llegaron a ser ministros de la II República[3]. La genocida dictadura soviética creó en España el sindicato Comisiones Obreras[4]. Veinte mil trabajadores fueron estafados por la UGT en el llamado ‘caso PSV’[5]. En los Estados Unidos, la palabra ‘sindicato’ es sinónimo de ‘mafia’[6].    

Si las Naciones Unidas, a través de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), y la Constitución española de 1978 abogan por lo que ellos llaman ‘libertad sindical’ y los ‘derechos de los trabajadores’ es porque tiene que haber gato encerrado. Los sindicatos son una herramienta al servicio de los intereses del Estado y del capitalismo, por esa razón nacieron con el capitalismo industrial del siglo XIX y se han convertido en parte fundamental del mismo. Los sindicatos reciben millones de euros en subvenciones del Estado[7], tienen ventajas fiscales[8] y el poder judicial ha sido muy comprensivo con las corruptelas en las que éstos se han visto involucrados[9]. Los sindicalistas son los últimos empleados de una empresa que pueden perder su puesto de trabajo y tienen horas sindicales en las que evaden el trabajo productivo. Los líderes de los grandes sindicatos llevan décadas sin acudir a su puesto de trabajo[10]. ¿Cómo van a defender los intereses de los trabajadores si están sobornados?[11] Confiar en la acción sindical es creer que un gatito gordo y consentido defenderá el rebaño de los lobos.

La verdadera función de los sindicatos es:

1.     Amortiguar el descontento de los trabajadores alienados y explotados creando una falsa disidencia.

2.  Atender con relativa eficacia los casos particulares en los que las empresas medianas y pequeñas incumplen la legislación laboral. Los sindicatos nunca combaten las dinámicas y patrones de explotación y degradación de los trabajadores que generan el Estado y la gran empresa capitalista, salvo cuando repiten como loros la eterna letanía de crítica al ‘neoliberalismo’, a la ‘precariedad’ y a los ‘recortes’ en la función pública. Un discurso que nunca va acompañado de acciones efectivas.

3.  Convocar pequeñas huelgas de un solo día que no sirven para nada (aunque son cada vez menos frecuentes) y manifestaciones a las que solo acuden ellos. Estos actos no son más que escenificaciones rituales en los que los propios sindicatos se afirman a sí mismos. Los sindicalistas son retratados en los medios de comunicación mostrando sus banderas al tiempo que corean estúpidas consignas vacías de contenido. Los líderes sindicales se muestran como seres comprometidos en la defensa de los trabajadores y algunos empleados ilusos se lo llegan a creer.

4.   Los sindicatos son muy activos en las precampañas electorales a la hora de criticar a los partidos de derecha y decantar el voto hacia los partidos de izquierda. No hay que olvidar que el partido que más ha contribuido a desarmar la cohesión de la clase trabajadora, y que más leyes ha impulsado a favor de los intereses de la banca y la gran empresa capitalista durante el Régimen de 1978, ha sido el Partido Socialista Obrero Español[12].

5.     Los sindicatos participan de los nuevos campos de batalla de la izquierda. En su discurso han olvidado casi por completo los intereses de la clase trabajadora para centrarse en el proselitismo de las nuevas religiones políticas: feminismo institucional, homosexualismo e inmigracionismo[13].

El incremento en flecha del desempleo a raíz de la crisis pandémica de 2020, la cada vez más acusada deslocalización industrial a países de Asia y África que comenzó hace medio siglo, la llegada masiva de inmigrantes procedentes de países en los que los conceptos de libertad y dignidad apenas existen y la concentración de capital en unas pocas y gigantescas empresas transnacionales que monopolizan la actividad económica hacen que la situación actual de los trabajadores sea especialmente delicada. La Unión Europea y los voceros del gran capital ya han anunciado la implantación del modelo semiesclavista chino en Europa[14]. Los sindicatos callan y otorgan, esperando poder seguir disfrutando de su posición laboral privilegiada en medio de esta sociedad distópica que se acaba de implantar.

Ha llegado el momento de recuperar el sentimiento de clase, de clase trabajadora, porque trabajadores somos todos, salvo aquellos que viven de prebendas, subvenciones y tinglados, salvo aquellos que viven del trabajo de los demás. Es el momento de recuperar la lucha obrera, al mismo tiempo que debemos desvincularnos y combatir a los sindicatos. 

Las reivindicaciones laborales deben ser obra de los trabajadores, no de los que pretenden hablar en su nombre. Las luchas laborales deben nacer en el seno de una única empresa, por iniciativa de los trabajadores y nunca siguiendo consignas de una central sindical con sede en la capital. La organización de los trabajadores debe ser asamblearia, de base, descentralizada y autofinanciada. La acción de los trabajadores debe ser valiente, nunca superficial. La huelga debe ser indefinida. El boicot y el sabotaje pueden ser herramientas útiles y necesarias. El sindicalista que persista en defender su parcelita de poder y bienestar debe ser excluido socialmente por sus compañeros, debe ser aislado y neutralizado por el resto. El Estado y la gran empresa no pueden subsistir sin sus trabajadores; un trabajador puede subsistir con el apoyo y la solidaridad de sus compañeros de trabajo. ¡Que no nos dividan por categorías salariales, puestos de responsabilidad o sexo!

Los trabajadores deben hacerse cargo del acto productivo y ser propietarios de los medios de producción. Los monopolios económicos del Estado y las grandes empresas deben desaparecer, así como los tributos obligatorios que gravan los ingresos de los trabajadores. El principal objetivo de los obreros debe ser el de poder desarrollar su labor con dignidad, hacerlo en base a valores éticos y pelear por unas condiciones materiales justas, rechazar la obsesión productivista del ‘vivir para trabajar’ y dejar de rendir culto a la tecnología que deshumaniza la labor de los seres humanos. Los trabajadores autoconstruidos integralmente debemos edificar una sociedad basada en la libertad del acto productivo y abolir esa forma de esclavitud llamada trabajo asalariado.




[1] Pese a la postura del socialista francés Jean Jaurès en contra de la Primera Guerra Mundial, la mayor parte de la socialdemocracia europea se posicionó del lado de los ejércitos de sus respectivos Estados animando a los obreros a luchar en esta contienda. Un claro ejemplo es el de la Oficina Socialista Internacional que, en la reunión de emergencia celebrada en verano de 1914, apostó por el apoyo del socialismo al Ejército, tal y como acordaron el austríaco Víctor Adler y el checo Antonin Nemec. Jaurès fue asesinado el 31 de julio de 1914. Además de los denominados ‘socialpatriotas’, algunos anarquistas como el ruso Piotr Kropotkin o el francés Charles Malato alentaron a los obreros a luchar en las trincheras para “combatir al agresivo imperialismo alemán”. Guerra a la guerra. El movimiento obrero frente a la guerra (1898-1918) de Julián Vadillo Muñoz. Publicado por la Universidad de La Rioja.

[2] Con la excusa de que “la democracia es burguesa”, el líder socialista Julián Besteiro se opuso a las propias bases del PSOE para posicionarse a favor de la dictadura monárquica-militarista de Miguel Primo de Rivera (1923-1930). Asimismo, el líder de la UGT Francisco Largo Caballero colaboró activamente con la dictadura hermana del fascismo mussoliniano como Consejero de Estado entre 1924 y 1929. Consultar la crítica a Largo Caballero y a buena parte del socialismo que realizó Salvador de Madariaga y Rojo en España. Ensayo de historia contemporánea (1931).

[3] El 4 de noviembre de 1936 cuatro miembros del sindicato anarquista CNT ingresaron como ministros en el gobierno republicano de Largo Caballero: Federica Montseny, Juan García Oliver, Joan Peiró y Juan López.

[4] Las primeras ‘Comisiones Obreras’ nacieron en la década de 1950 y fueron impulsadas por el Partido Comunista de España (PCE), una formación ilegal durante el franquismo y dependiente del Kominform u Oficina de Información de los Partidos Comunistas y Obreros, creada por Andréi Zhdánov en 1947 en el seno de la Unión Soviética de Stalin.

[5] El escándalo comenzó en diciembre de 1993 con la quiebra de la empresa Promoción Social de Viviendas (PSV) creada en 1988 por la Unión General de Trabajadores (UGT), sindicato vinculado al partido gubernamental, el PSOE de Felipe González. La UGT contaba también con una constructora (IGS) y una compañía de seguros (UNIAL). PSV vendió unas 20.000 viviendas a personas de clase trabajadora en terrenos públicos cedidos por la Administración socialista. La empresa sindical quebró antes de que los inmuebles fuesen edificados y el dinero de los cooperativistas se esfumó. UGT (sindicato que vive de las subvenciones estatales) tuvo que hacerse cargo de los 78,13 millones de euros de responsabilidad civil subsidiaria (sentencia de 2003), pero el director de PSV, Carlos Sotos, solo fue condenado a dos años y cuatro meses de cárcel por estafa y apropiación indebida. El secretario general del sindicato, Nicolás Redondo, se libró de la cárcel a cambio de abandonar su carrera sindical.      

[6] El camionero y líder sindical estadounidense James Riddle Hoffa, “Jimmy” Hoffa, fue presidente general del sindicato IBT entre 1957 y 1971, la organización de trabajadores más grande del país con 2,3 millones de afiliados. Desde sus inicios como sindicalista en la Hermandad Internacional de Camioneros, Hoffa estuvo vinculado al crimen organizado. Llegó a ser condenado por soborno y fraude, y solo un sorprendente acuerdo con el presidente Richard Nixon permitió que Hoffa permaneciera tan solo unos pocos meses en prisión. Desapareció para siempre en 1975.

[7] El BOE recoge la Orden de 18 de septiembre de 2020 en la que el Estado español destina 45 millones de euros a las organizaciones sindicales.

[8] Los sindicatos, partidos políticos, organizaciones empresariales, oenegés y organizaciones religiosas gozan de grandes privilegios fiscales en virtud de la Ley 49/2002 (gobierno del PP de José María Aznar), privilegios tan decisivos que, en la práctica, ninguna de estas corporaciones paga impuestos. Estas exenciones incluyen las actividades económicas remuneradas que estas asociaciones llevan a cabo, como los servicios de asesoría o la venta de productos. Por no pagar, no pagan ni el IBI, igual que ocurre con la Iglesia, aunque los programas de La Sexta, los tuiteros de izquierda y los humoristas del Club de la comedia solo se acuerdan de los indecentes privilegios que la ley otorga a la Iglesia cristiana. Libremercado, 1/3/2012.

[9] Además del referido ‘caso PSV’, los grandes sindicatos españoles se han visto implicados en otras corruptelas, como el ‘Caso Forcem’. La Audiencia Nacional investigó el presunto fraude de 100 millones de euros por la apropiación indebida de parte de los 630 millones de euros en subvenciones que el Estado destinó a cursos de formación continua que debía gestionar la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo (FORCEM), tinglado vinculado a los sindicatos UGT, CC.OO. y CIG (Confederación Intersindical Gallega) y a las patronales CEOE y CEPYME. El País (15/6/2014) publicó que el Estado gastó 21.000 millones de euros, en tan solo 10 años, solo en cursos de formación. Los tribunales absolvieron a los procesados del ‘Caso Forcem’ en 2017. El líder sindical asturiano José Ángel Fernández Villa, Secretario general del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA-UGT) durante 34 años, diputado autonómico y senador por el PSOE, fue condenado a tan solo 3 años de cárcel por la evasión fiscal de 1,4 millones de euros en 2018.    

[10] Unai Sordo, secretario general de CC.OO., lleva sin trabajar en el sector maderero desde el año 2000. José María Álvarez Suárez, secretario general de la UGT, ¡lleva sin trabajar en el sector del metal desde 1978!

[11] La Comisión Ejecutiva Confederal de Comisiones Obreras, cúpula directiva del sindicato, se ha subido el sueldo un 46% (Memoria Anual de CC.OO. del año 2019) al mismo tiempo que aceptaba una subida media de los salarios en España del 2%. Desde que Unai Sordo es el máximo mandatario del sindicato (2017), los dirigentes de “Comisiones” se han subido el sueldo un 85% (OK diario, 11/12/2020 y 12/12/2020).

[12] Fueron los gobiernos socialistas de Felipe González (1982-1996) los que impulsaron la “reconversión industrial”, o desmantelamiento de la minería, los astilleros, el textil y buena parte de la industria española, además de la implantación de las Empresas de Trabajo Temporal (ETT). Con el socialista José Luis Rodríguez Zapatero se abarató para las empresas el despido de los trabajadores, se retrasó la edad de jubilación a los 67 años y se desvirtuaron los convenios colectivos.

[13] La llegada masiva de trabajadores extranjeros genera dumping laboral, es decir, mantiene el alto porcentaje de desempleados y contribuye decisivamente al descenso de los salarios y a la precarización laboral, especialmente si los trabajadores migrantes proceden de países sin experiencia histórica en la lucha obrera. La homosexualización de la sociedad y el aumento de años de formación académica y de horas de trabajo de las mujeres son factores decisivos que ayudan a entender la caída en picado de la natalidad en Europa, lo que estimula la importación de mano de obra foránea. En definitiva, podemos afirmar que las grandes centrales sindicales españolas están contribuyendo al exterminio de los pueblos ibéricos y a su sustitución étnica.

[14] El ‘Plan Europeo de Recuperación’ que la Unión Europea ha preparado para los próximos años como reacción a la crisis económica generada por las medidas pandémicas se reduce a la implantación del modelo económico chino en Europa. Más información en ¿En qué consiste el plan de recuperación tras la pandemia acordado por la UE?, artículo publicado por El Economista el 21 de julio de 2020. 


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